Mujer y baterista

"Mi mamá era baterista pero siempre quedó un paso atrás". Un relato en primera persona sobre la desigualdad y los prejuicios hacia las mujeres en la música.
19 Ago 2026

Soy hija de músicos. Ambos emplean el maravilloso instrumento que es la batería. Pero mi mamá siempre quedó un paso atrás. Si bien era la alumna de mi papá, a nadie le parecía importante indagar sobre su proceso de aprendizaje o qué género musical le gustaba tocar.

Sin embargo, a él todo el mundo lo felicitaba por su obra y por ser una figura en el under del rock porteño de los 80´s. Ella decidió abandonar y dedicarse a ser maestra, renunciando a ese hobbie porque se sentía diminuta e invisible en comparación al monstruo que tenía al lado.

Actualmente, tengo 25 años. Aprendí a tocar a los 6 y hoy lo estoy haciendo más que nunca. Me rodeo de colegas artistas: músicxs, actores/actrices, muralistas, lo que se imaginen. Pero sigue sucediendo algo inadmisible para mí, poquísimas mujeres arriba de un escenario y particularmente BATERISTAS. Somos una novedad, somos un bicho raro.


Cuando me presento en Jams siempre la pregunta es “¿qué cantas?”, “¿tocas la guitarra o el piano?” y yo me río porque es sin maldad (en su mayoría), pero por dentro me angustio y me siento igual que mi mamá hace 40 años atrás. Soy baterista, respondo, y ahí la reacción es como si hubiera dicho que soy un marciano.

Me crucé, lamentablemente, con hombres arrogantes que me hicieron comentarios violentos y despectivos en infinidad de ocasiones. Que si soy la novia de algún músico, si toco hace dos días y estoy aprendiendo, que toco demasiado fuerte y se esperaban más delicadeza de mi parte, bla bla bla. Siempre va a estar mal algo o jamás será suficiente. Me falta técnica y me sobra pegada. Manejo bien el tempo pero faltarían más arreglos, dicen.
Y si fuese hombre es la gran incógnita de mi vida. Si fuese hombre, ¿sería brillante? Si fuese hombre, ¿me invitarían a lugares de mayor prestigio? Si fuese hombre no me escondería en el baño del camarín porque elogiaron mi cuerpo en lugar de mi pasión, probablemente, ¿no?

Muchas veces pensé en dejar esto, pero no puedo escapar de la mayor vocación de mi vida. Nací para esto, dijo Cerati, y sería fallarme a mí misma en pos de no incomodar a ningún varón. Cuando se me acercan chicas me abrazan y me dicen que les encantaría aprender pero que jamás se animaron, que si doy clases, que cómo me aguanto estar rodeada de tipos todo el tiempo. A veces, ni yo lo sé. Lo que sí sé es esto: me tuve que fortalecer para sobrevivir.

En junio, en el marco del aniversario de Ni Una Menos, fui a una Jam y decidí desde mis entrañas colgar el pañuelo verde en el bombo. Cada mujer que vio eso me sonrió, me agradeció y me dijo que no se esperaban ver algo así porque en ningún lado lo habían hecho. Lo sentí necesario, lo sentí justo. Nos merecemos referentes que nos representen, aún más en el rock.


Todos conocen a Catriel Ciavarella de Divididos. Pero no a Andrea Álvarez, que tocó varios años antes con ellos. Esa es mi bronca, esa es mi espina en el alma.

Quiero que las niñas y adolescentes aspiren a mucho más que ser la cara de un proyecto. Que hacer un baile en TikTok quede lejano y encuentren espacios de contención y formación para dedicarse a esto. Deseo profundamente mujeres managers que cierren contratos, que más mujeres sean productoras, sonidistas, iluminadoras, que hagan la masterización y la mezcla de cualquier disco que se le presente. Nos quiero en todos lados, desde el Under hasta en el mayor cargo que exista en esta industria. Me comprometo a aportar a esta causa desde mi lugar y en todo lo que pueda.

Ojalá nos valoren como corresponde, ojalá podamos no replantearnos nuestros sueños, ojalá tener las mismas oportunidades sin tener que sumergirnos en la tristeza de la incertidumbre que nos da no saber qué más hacer para ocupar el lugar que cualquier hombre consigue sin el mismo esfuerzo. Algún día sucederá, algún día valdrá la pena todo esto. Venceremos.

Gracias por el espacio.
Con amor, Cami.

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